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viernes, 15 de abril de 2011

Miró i Ardèvol, el frustrado Herrera Oria catalán

Desde hace unos cuantos años ha irrumpido con una fuerte presencia mediática en la sociedad catalana un personaje singular, Josep Miró i Ardèvol, pretendiendo erigirse en el cardenal Herrera Oria catalán. Recientemente ha celebrado, con todo boato y una multitudinaria cena, el décimo aniversario de su último “juguete”, E-cristians. Con dicha celebración ha intentado esconder, sin éxito, su sonoro fracaso en Cataluña. Quizás ya es hora de que se conozca más en detalle quién es este peculiar católico.

Miró i Ardèvol siempre ha tenido una gran vocación política. Adalid de la participación activa en la arena política como cristiano si alguna característica podría definir su carrera política es el transfuguismo. En los años 70, junto con Albert Vila, Ernest Sena, Santiago Guillén y otros destacados militantes, puso en marcha una oficina en la calle Déu i Mata como sede de Unió Democràtica de Catalunya y cuyas puertas, misteriosamente, aparecían seriamente dañadas de vez en cuando. A pesar de que ostentaba ya responsabilidades en cuestiones económicas, no fue óbice para que decidiera abandonar a su suerte a su mentor y mecenas, Anton Cañellas, para participar en el nuevo proyecto Centristes de Catalunya-UCD. A pesar de su discreción, Cañellas, un hombre de extraordinaria valía personal y política, nunca entendió las razones de la traición de Miró.

Tras el rotundo batacazo de Centristes de Catalunya, se afilió a Convergència Democràtica de Catalunya, llegando a ostentar distintas responsabilidades en la Generalidad de Cataluña, hasta alcanzar el puesto de consejero de Agricultura, Ramaderia i Pesca. Tampoco se encontraba al parecer a gusto, por lo que decidió abandonar la formación aduciendo discrepancias ideológicas e incompatibilidad con los principios cristianos . Discrepancias que le llevaron, incluso, a liderar una campaña de oposición al proyecto del nuevo Estatuto de Cataluña, junto con otras entidades católicas vinculadas al Opus Dei y a sectores ultras. Y el año 2009 fundó un nuevo proyecto político, Democracia Social, cuyo objetivo fundamental, según reza su manifiesto inicial, es la “regeneración política y social”.

Movido por un activismo desaforado, en los años 80 fundó una plataforma que pretendía aglutinar sectores nacionalistas y eclesiales para promover una “conversión” patriótica en los barrios del área metropolitana poblados mayoritariamente con emigrantes procedentes del resto de España. País endavant fue su nuevo instrumento que promovería la conciencia catalanista en estos barrios. No ahorró críticas a lo que consideraba tibieza del consejero de la época de Bienestar Social, Antoni Comas, a pesar de que no dudó en aceptar cuantiosas subvenciones del mismo. Cabe destacar que en la sede de País endavant, en la calle Avenir, también se alojaban actividades de artes marciales.

Esta faceta de converso le acompaña desde sus años jóvenes, en los que optó por ir a vivir una temporada a Can Tunis, para hacer apostolado. Años más tarde, ya siendo consejero de Agricultura, no dudó en hacer también apostolado entre sus principales colaboradores. Así, a las doce en punto, rezaba con ellos el Angelus, que finalizaba con el rezo del Padre Nuestro todos juntos cogidos de las manos, tal como tuvieron ocasión de comprobar, azoradas, más de una secretaria que osó abrir la puerta de su despacho. Su perfil encaja perfectamente con el de otro converso, Jorge Fernández Díaz, cuyas andanzas en el pasado son “vox populi”, con quien comparte una profunda amistad y ha tejido una tupida red de relaciones y estrategias conjuntas.

Esta amistad le ha servido para abrirse distintas puertas en el todo Madrid, hasta alcanzar el cénit en forma del cardenal Antonio María Rouco. En su “frente de Madrid” destacan, entre otros, Alex Rosal Valls-Taberner, dirigente de la rama laica de los Legionarios de Cristo, Regnum Crhisti, a quien nombró el corresponsal d-E-cristians en Madrid; Alfonso Coronel de Palma, ex presidente de la Asociación Católica de Propagandistas y de la COPE, hijo de un famoso falangista, y Benigno Blanco, ex alto cargo de Aznar y actualmente presidente del Foro Español de la Familia, entidad que ha convocado distintas manifestaciones a favor de la familia. De hecho la manifestación del año 2004 fue urdida por el propio Miró i Ardèvol en una reunión en el Arzobispado de Madrid el mes de junio de aquel año, tal como han reconocido públicamente sus organizadores: “él fue quien lanzó la idea, fue el mentor de la manifestación”. Gracias a sus impagables servicios en Madrid, entre los que se incluía su participación en las tertulias de la COPE, Rouco consiguió nombrarle miembro del organismo consultivo vaticano Pontificio Consejo para los Laicos.

Volviendo a Cataluña, en el año 2003 consiguió que le nombraran director del Centre d’Estudis de la Realitat Social (CERS) de la Universidad Abat Oliba CEU. Tenía que prepararse para la travesía del desierto por si se producía el previsible cambio de gobierno; peligraba su “modus vivendi”. Difícilmente el nuevo gobierno le seguiría encargando informes con los que obtenía buenos beneficios. En la Universidad Abat Oliba se reencontró con los nuevos responsables de la institución educativa, viejos conocidos suyos: Eduardo Escartín, a quien se le vincula con la página web anónima de signo integrista Germinans, Jaime Urcelay y Antonio Arcones, quienes protagonizaron sendas purgas que acabaron con el despido de los antiguos gestores de tendencia moderada.

Poco tiempo antes Josep Miró i Ardèvol movilizó todas sus energías, contactos y “padrinos” para lanzar el que tenía que convertirse en su auténtico trampolín definitivo, que le lanzaría a la gloria en Cataluña y allende los mares. Así, pergeñó el alumbramiento de E-cristians, la entidad que ocuparía el centro de la actividad y la vida eclesial en Cataluña en una primera fase y que, posteriormente, daría el salto al resto de España y a América Latina. Con una preparación minuciosa, acompañada de presiones fortísimas, fue ofreciendo la iniciativa a los responsables de las instituciones, entidades y movimientos eclesiales con presencia en Cataluña. El resultado fue un sonoro fracaso. Ni Montserrat, ni Poblet, ni ningún instituto y congregación religiosa secundaron su proyecto. Tampoco le hicieron caso las fundaciones y movimientos eclesiales más potentes, como la Fundació Pere Tarrés, la Universidad Ramon LLull, Minyons Escoltes, ACO, etc. Sólo una parroquia de las cientos que hay en Cataluña. Y, para colmo, también adujeron excusas para desmarcarse de él la Comunidad de San Egidio y, lo que fue la bofetada ya definitiva: el Opus Dei. Al final tuvo que conformarse con un elenco de entidades prácticamente desconocidas o muy minoritarias y situadas en un claro espectro ideológico ultraconservador, por no decir integrista.

No negamos a Miró i Ardèvol su buena fe y sus buenas intenciones, como su oposición al aborto y a la eutanasia. Reconocemos algunos valores que siempre ha cultivado, como su tenacidad, capacidad de trabajo y habilidad por fundar nuevos proyectos e iniciativas, liderándolos siempre él mismo. Al contrario que muchos otros que prefieren esconder su militancia cristiana, Josep Miró nunca ha ocultado que las motivaciones que le animan son cristianas. El problema es su estilo prepotente y arrogante y que pretenda erigirse en el “cap i casal” del cristianismo catalán, en el modelo a seguir, en la representación suprema de la centralidad eclesial.

Por el contrario, la agresiva beligerancia de sus campañas, opiniones y apariciones públicas se alejan del sentir y de la tradición de nuestra Iglesia, enraizada secularmente en una actitud de acogida, respeto, diálogo y apertura. Es especialista en atemorizar, presionar a políticos y jerarquías eclesiales. Quien fuera su amigo el obispo Joan Carrera una y otra vez se alejaba de su estilo impositivo, corrigiéndolo con cariño pero con firmeza: “La fe se propone, no se impone”. De hecho, el modo de actuar de Josep Miró i Ardèvol ha favorecido la aparición de un integrismo prácticamente inexistente hasta ahora en el seno de nuestra Iglesia catalana. Nos duele decirlo, pero ésta es la cruda realidad. Con este escrito queremos desenmascarar los tejemanejes y las coacciones de un personaje turbio. Su forma de actuar provoca rechazo y ahonda las heridas de la división, alejando nuestra Iglesia cada vez más del sentir mayoritario de la sociedad en la que los seguidores de Jesucristo se tienen que encarnar y servir.


CATÓLICOS DE LA DIÓCESIS DE BARCELONA
Barcelona, abril de 2011