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jueves, 26 de marzo de 2009

V. Sáiz Meneses, el “elefante blanco”

Carles, un “obispo para monjas” es un conservador español,que al morir Franco ensalzó la figura del dictador. En José Ángel Sáiz Meneses (el-que-viaja-en-primera-a-costa-de-la-Conferencia-Episcopal) encontró una especie de alter ego.

Carles cuidó mucho a los seminaristas y a los sacerdotes jóvenes. Rezó y lloró mucho con ellos por la maldad del mundo y el desamor de sacerdotes diocesanos hacia él. También iba con los pupilos a la montaña. Con su conservadurismo, que no integrismo, transmitió a algunos sacerdotes jóvenes una espiritualidad fuera del mundo y devocional. Este grupito con el nuevo arzobispo se sintió estafado porque esperaban a un “carlista” y a principios de 2007 lanzaron por Internet la página web De Bello Pallico, que el 7 de mayo del mismo año fue substituida por Germinans, Germinabit. Por su morbosidad y novedad la web ha tenido éxito y están muy envalentonados en una operación de acoso y derribo del cardenal, de algunos de sus colaboradores, como Turull, y de la Unió Sacerdotal, hoy en declive.

Excomulgadores profesionales y calumniadores, no conocen la misericordia y no entendemos cómo se atreven a decir misa. Presentan a la diócesis como un erial, dominada por progresistas, cuando el progresismo estricto es muy minoritario. En el fondo es un intento de asalto al poder. Quieren desgastar al cardenal, a su equipo y crear alarma eclesial para desanimar a la mayoría de sacerdotes que creen en el Concilio Vaticano II. Con la ayuda de algún sacerdote mayor, como un monseñor resentido y algún otro, sueñan con el “cambio” y su obispo de futuro, al que ensalzan como a un pequeño dios, es Sáiz Meneses (el-que-viaja-en-primera-a-costa-de-la-Conferencia-Episcopal), su “elefante blanco”, de momento en la reserva y que no participa directamente en los trapicheos de Germinans, pero se deja querer.

Este grupo de sacerdotes jóvenes están famélicos de poder, no de hambre material, como la “famélica legión” de que habla la Internacional, sino de poder. Sueñan en ser vicarios generales, vicarios pastorales, secretarios de cámara, chambelanes del señor obispo, delegados episcopales de lo que sea y, naturalmente, obispos auxiliares. Y se han convertido en una sociedad secreta, como los carbonarios de la Guerra contra Napoleón, de influencia masónica. Los métodos son parecidos, pero Germinans en vez del triángulo y el mandil tienen como armas el ordenador, Internet y el cibercafé.

miércoles, 18 de marzo de 2009

IV. Funeral por Franco

Jubany fue cardenal con mayúsculas. La gran masa del clero catalán era moderadamente conciliar. Hoy tenemos en Cataluña cinco obispos promovidos por Carles, que nos ha dejado una herencia extraña a la milenaria Tarraconense.

Cuando Carles fue promovido a arzobispo de Barcelona disimuló que era un “obispo para monjas” como lo definió después un notable monseñor de Roma. Llegó temeroso y el nuncio pronto puso a su vera a Carrera, cuya práctica pastoral, bondad y cultura tanto le ayudaron. Roma comprendió que un valenciano que habla castellano en familia no sería bien recibido. Con un catalanista como Carrera intentaron compensar la poca consistencia de Carles. Carrera, de buena fe y con entusiasmo, creó un excelente equipo, en el que destacaba un jesuita. El supuesto éxito inicial con el “converso” Carles les dio una sensación de que iban ganando la batalla y evitaban la escabechina clerical. Pero fueron todos –Carrera y su equipo- unos ingenuos porque d’allà on no n’hi ha, no en raja. Carles es un conservador español, que, al morir Franco, ensalzó la figura del dictador: “Entregó su vida entera al servicio de la nación (…) Rezó mucho por España”. Así acabó su sermón en la misa de funeral en Tortosa con un exaltado canto de patriotismo español. Aparentemente Carles tenía un equipo con cuatro obispos auxiliares a los que luego centrifugaría. Todos le fueron indicados o impuestos. Pero al dimitir Carrera y los suyos al no soportar más las injerencias rasputinianas que ejercía el matrimonio Allepuz, que cuidaba del hogar de Carles, éste se encontró con las manos libres para ejercer de obispo conservador, nepotista y sin carisma del gobernante.

El “sí, bwana” fue la norma que rigió en el final de su episcopado aunque no hubo estridencias. Carrera se dedicó a su territorio pastoral y la decadencia de la curia diocesana fue el reflejo del talante de Carles. Las parroquias, a pesar de todo, siguieron trabajando por el Reino. Pero Carles, intrigante y prepotente, no cejó en su campaña para situar a sus peones episcopales. Siendo cardenal tenía buena entrada en los dicasterios y no le gustaban sus antiguos auxiliares. Pero su discípulo predilecto fue José Ángel Sáiz Meneses (el-que-viaja-en-primera-a-costa-de-la-Conferencia-Episcopal), que regentaba un centro de culto, el del Roser, que no era ni parroquia y allí hacía conferencias y misas que llenaba con gente venida de cualquier parte, para hacer número y quedar bien delante de Carles.

En Meneses, sumiso a Carles, pero cazurro y político, el cardenal encontró una especie de alter ego al que, sin tener en cuenta la opinión de personalidades de la diócesis, nombró obispo auxiliar. Meneses había estudiado en Toledo, desconocía la tradición de la Tarraconense, era aparentemente neutro. De mil amores Carles lo preparó para escalar. Y aunque el cardenal hoy emérito se oponía a la división de la diócesis de Barcelona, aprovechó la ocasión para catapultar a Sáiz Meneses a Terrassa. Se explica con fundamento que, presionando en Secretaría de Estado, Carles se alteró al saber que Jaume Pujol o Martínez Sistach podrían ser sus sucesores. Le provocó un sofoco y tuvieron que reanimarle dándole un cordial. Antes del incidente habría gritado y llorado…

Continuará (…)

jueves, 12 de marzo de 2009

III. Germinans, Germinabit se fraguó bajo las alas del cardenal Carles

Después de las revistas Cristiandad y El Cruzado Español llegó el Concilio Vaticano II. El integrismo quedó atónito y aterrado, refugiado en la Hermandad Sacerdotal San Antonio María Claret. También aparecieron otros focos y algunos francotiradores.

El Dr. Jubany pacificó la diócesis, le dio un cierto empuje y se acreditó como gobernante e incluso tuvo habilidad política para no comprometerse manteniendo una catalanidad indudable, a pesar de que cuando era joven sus condiscípulos decían que había votado a la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). Supo capear temporales, las secularizaciones y bajar de su pedestal de gran canonista para convertirse, ya siendo obispo de Gerona, en pastor próximo a la grey. Fue aplicando el Concilio y sorteó algunas desviaciones progresistas. Fue cardenal con mayúscula y arzobispo de buen recuerdo para muchos fieles.

Pero la campaña Volem bisbes catalans en sectores de la España profunda y en círculos vaticanos se confundió con una rebeldía progresista, y poco a poco los enemigos de la Iglesia en Cataluña, de la Tarraconense, hicieron circular la etiqueta de que éramos la Holanda del Sur. El progresismo polemizaba a través de algún libro del capuchino Jordi Llimona o en la obra de simpatías marxistas del benemérito e ingenuo mosén Josep Dalmau. Y también en libros, que algunos consideraban heterodoxos, de sacerdotes o religiosos secularizados. Pero la gran masa del clero catalán era moderadamente conciliar y se afanaba por tapar las vías de agua que dejaban la falta de vocaciones sacerdotales, y dedicarse a la tarea, cada vez más implicada en una evangelización nueva y en la ayuda a los necesitados. Centenares de sacerdotes en Cataluña se han sacrificado silenciosamente en las últimas décadas por mantener viva, con fe en Jesucristo, a una Iglesia cuyas jerarquías han sido ocupadas por obispos que hablan catalán, sí, pero que no sienten la tradición que viene de Torras i Bages–Vidal i Barraquer-Cardó. Hoy tenemos tres valencianos, uno del Opus Dei, uno del Ebro y un ferviente “carlista” (de Carles). Excepto Pujol, los otros cinco han sido promovidos, sin fórceps, por el mismo Carles, que ha querido dejarnos una herencia extraña a la milenaria Provincia Eclesiástica Tarraconense. Sin Carrera, que redactaba los principales documentos, la Iglesia en Cataluña se va escorando hacia un conjunto episcopal gris.

A pesar de este panorama sombrío algunos obispos de Cataluña, como el cardenal Martínez Sistach, no se dan por vencidos. El mismo, a veces dominado por el miedo o una prudencia excesiva, ha batallado, contra viento y marea, para tener obispos auxiliares. Rouco y su cohorte y dicasterios involutivos del Vaticano le han tumbado dos ternas de candidatos a auxiliares. Finalmente ha sido nombrado un menorquín, de espíritu conciliar, muy relacionado con la vida pastoral barcelonesa. No nos extrañe, pues, que haga más de quince años que de Barcelona no hayan salido obispos. Pardo es de Terrassa. Estamos antes un síntoma de una guerra abierta…

Continuará (…)